Jardines de Luz




Joaquín Sorolla y Joaquín Rodrigo en palabras de Raymond Calcraft en el Museo Sorolla 

Quisiera expresar mis gracias más sinceras a doña Blanca, doña Cecilia y doña Consuelo por haberme invitado a ofrecer unas palabras aquí, en esta bella Casa Museo del pintor, sobre Joaquín Sorolla y Joaquín Rodrigo. Es también un gran honor para mí participar en este recital, al lado de grandes artistas como Ana María Sánchez, Agustín León Ara, y José María Gallardo del Rey.

En mil doscientos veinticinco San Francisco, viviendo entonces en el Convento de San Damiano en Asís, muy enfermo y ya ciego, y en los últimos meses de su vida, compuso un himno a la Creación inspirado en las bellezas del paisaje italiano que ahora no podía ver – el ‘Cántico al Sol’ o ‘de las Criaturas’ – el primer poema, se cree, de la lengua italiana. Sería natural presumir que el poema fuera en forma escrita, pero hace ya veinte años, cuando visitamos el Convento mi mujer y yo, hablamos con uno de los frailes, y nos aseguró que el ‘Cántico’ no fue escrito, sino cantado, y sólo transcrito más tarde. 

Casi ochocientos años después, en mil novecientos ochenta y dos, las palabras del Santo fueron cantadas otra vez, y por otro ciego, Joaquín Rodrigo, en su última obra grande, el Cántico de San Francisco de Asís.  El Maestro dijo de esta obra: “parecía que el Santo me inspiraba... En estos versos sublimes se refleja toda la naturaleza, tal como la siento.” Y es verdad que en esta música podemos escuchar con qué deleite y reverencia recreó Rodrigo las bellezas de la Creación que, como Joaquín Sorolla, tanto amaba.

Un siglo antes de la composición del Cántico, Joaquín Sorolla y su mujer Clotilde pasaron un año en Asís, donde el joven pintor terminó una obra grande para Valencia, El padre Jofre protegiendo a un loco, y al mismo tiempo, inspirado en el ambiente de la ciudad italiana y el maravilloso paisaje alrededor, pintó varios cuadros en pequeño formato, de aspectos del paisaje, de los edificios, y de la gente. Y más tarde escribiría que era sobre todo debido a la estancia en Asís que su arte había avanzado de una manera muy importante.

Tales paralelismos y comparaciones entre los dos artistas se perciben continuamente. Podemos empezar con títulos, primero, de Sorolla, segundo, de Rodrigo: ‘Entre naranjos’, y ‘Entre olivares’; ‘Patio de la Alhambra’ y ‘Junto al Generalife’; Jardines del Alcázar de Sevilla’, y ‘Sones en la Giralda’; ‘Niños en la playa’, y ‘Son chicos que pasan’. Y si hablamos tantas veces de los paisajes  de Sorolla, es ya notorio que también tenemos que hablar, en la frase de Gerardo Diego, del ‘paisaje acústico’ de Rodrigo.  Pronto recordamos una serie de piezas con títulos como: ‘En los trigales’, ‘Por caminos de Santiago’, ‘Aldeas de España’, ‘Crepúsculo sobre el Guadalquivir’, ‘En tierras de Jerez’, y tantas obras más, ¡no olvidando, por supuesto, los famosísimos jardines de Aranjuez!  El Maestro sí era ciego. Pero no dudaba de nombrar a Leonardo, al Greco y a Zurbarán entre sus pintores predilectos. ¿Y su color preferido?  ¡El azul celeste!  (¿No hubiera dicho quizá lo mismo Joaquín Sorolla?)  En los años cuarenta ya escribió de él Manuel Machado: ‘¡Pero tú ves, Rodrigo!. El mágico paisaje, el supremo color…’, y yo recuerdo bien que en la primera conversación que mantuve con él en su casa, hace treinta años, al mencionar el nombre de Joaquín Sorolla, me dijo: “Sí, sí, tenemos las mismas fuentes de inspiración.” No hay duda de que el Maestro pensaba e incluso a veces componía casi visualmente – su primera obra se entitula Dos esbozos, una de las obras más importantes para piano es Cuatro estampas andaluzas, y – recordando lo que acabamos de ver hoy – ahí está también la bellísima Música para un jardín.

Antes de hablar un poco de las bellezas de esta exposición, quisiera referirme a otro aspecto del arte de Sorolla, los grandes retratos.  ¡Qué gran fortuna para nosotros que durante su carrera pintara una serie de cuadros retratando a muchos de los grandes escritores de su tiempo – Galdós, Unamuno, Baroja, Azorín, Antonio Machado, Pérez de Ayala, y Juan Ramón Jiménez! ¿Hay algo parecido en la música de Rodrigo?  Yo creo que sí.  Sólo es necesario pensar en los once maravillosos conciertos – ‘retratos’ también, ya que fueron escritos para e inspirados en el arte de grandes músicos de nuestro tiempo – Regino Sainz de la Maza, Andrés Segovia, Gaspar Cassadó, Nicanor Zabaleta, James Galway, Pepe Romero. 

Después del enorme esfuerzo que le costó a Sorolla terminar los grandes cuadros de su Visión de España, sabemos – ahora sobre todo, gracias a esta exposición – que el pintor dedicó los últimos años de su vida en gran parte a preservar por medio de su arte las bellezas del jardín de esta su casa. Nos ha conmovido a todos ver la felicidad – casi el éxtasis – que transmiten estos cuadros, tan representativos también de la felicidad doméstica que es uno de los rasgos más importantes no sólo de la vida sino del arte de Joaquín Sorolla. Esta felicidad, ese optimismo fundamental hacia la vida, es también algo que comparten los dos artistas. Y si buscamos algo parecido a esa intimidad que expresan los cuadros que hemos visto hoy, se puede hallar en las obras para piano solo de Rodrigo – su propio instrumento – las piezas para una sola guitarra, y también para la voz humana, sobre todo la de soprano – como pronto escucharemos.

Hallándose aquí con nosotros doña Blanca y doña Cecilia, espero que me permitan decir algo sobre la extraordinaria e inesperada buena suerte que he tenido en conocerlas a las dos y a sus familias. Hace ya muchos años, el padre de doña Blanca, don Francisco, generosamente me invitó a su casa para ver la colección particular que se guardaba allí, y el Maestro y doña Victoria también me recibieron con gran cortesía en su casa para hablar de un proyecto mío de montar un Festival Rodrigo en Londres. Desde entonces puedo decir que tanto mi vida, como las de mi familia y de muchos amigos en mi país, han sido iluminadas y embellecidas constantemente por el arte de Joaquín Sorolla y la música de Joaquín Rodrigo.

“Con su música el Maestro nos ha hecho, y nos sigue haciendo, felices”, ha escrito Antonio Gallego.  De acuerdo. Y lo mismo podríamos decir de la pintura de Sorolla. El gran poeta Juan Ramón Jiménez, admirador y amigo del pintor, escribió en su poema ‘Criatura afortunada’: “¿Toda la primavera es tu lugar.  Lo verde todo, lo azul todo, lo floreciente todo es tuyo?” Contemplando los preciosos cuadros de esta exposición Jardines de luz, creo que esos versos describen perfectamente el mundo del arte de Joaquín Sorolla, ese mundo tan franciscano que tanto admiraba y celebraba asimismo Joaquín Rodrigo.  Como el Maestro afirmó: “Creo que todo lo bello… ha de perdurar.”

Gracias.





Gardens of Light

Joaquín Sorolla and Joaquín Rodrigo in the words of Raymond Calcraft at the Sorolla Museum.

I should like to express my most sincere thanks to Dona Blanca, Doña Cecilia and Doña Consuelo for inviting me to say a few words, here in the beautiful Casa Museo of the painter, about Joaquín Sorolla and Joaquín Rodrigo. It is also a great honour for me to take part in this recital beside great artists like Ana María Sánchez, Agustín León Ara and José María Gallardo del Rey.

In 1225 Saint Francis, living then in the Convent of San Damiano in Assisi, very ill and now blind, and in the last months of his life, conposed a hymn to Creation inspired by the beauty of the Italian landscape which he could now no longer see – the ‘Hymn to the Sun’ or ‘Hymn of the Creatures’ – the first poem, it is believed, written in Italian.  It would be natural to assume that the poem was written down, but twenty years ago, when my wife and I visited the Convent and spoke to one of the friars, he assured us that the Canticle was not written, but sung, and only later transcribed. 

Almost eight hundred years later, in 1982, the Saint’s words were sung again, and by another blind man, Joaquín Rodrigo, in his last major work, the Cántico de San Francisco de Asís. The Maestro said of this work: “it seemed as if the Saint was inspiring me… In this sublime poem all of nature is reflected, as I sense it.”  And it is true that in this music we can hear with what delight and reverence Rodrigo recreated the beauties of that Creation which, like Joaquín Sorolla, he so loved.

A century before the composition of the Cántico, Joaquín Sorolla and his wife Clotilde spent a year in Assisi, where the young painter finished a large work for Valencia, Father Jofre protecting a madman, and at the same time, inspired by the atmosphere of the Italian city and the wonderful landscape around it, he painted a number of works in small format, of aspects of the landscape, the buildings, and the people. And later he would write that it was above all thanks to the residence in Assisi that his art had been able to develop in a significant way.

Such parallels and comparisons between the two artists can often be seen. We can start with titles, first those of Sorolla, then of Rodrigo: ‘Among the orange trees’ and ‘Among the olive groves’; ‘Patio in the Alhambra’ and ‘Beside the Generalife’; ‘Gardens of the Alcázar of Seville’ and ‘Sounds in the Giralda’; ‘Children on the beach’, and ‘Children passing by’. And if we speak so often about landscapes in Sorolla, it is now a given that we must also speak, in Gerardo Diego’s phrase, of the ‘acoustic landscape’ of Rodrigo. We remember a series of works with titles like: ‘In the wheatfields’, ‘On the road to Santiago’ ‘Villages of Spain’, ‘Twilight over the Guadalquivir’,  or ‘In the fields of Jerez’, and so many others. And one must not forget, of course, the particularly famous gardens of Aranjuez!  Yes, the Maestro was blind.  But he did not hesitate to name Leonardo, El Greco and Zurbarán as among his favourite painters. And his favourite colour?  Sky blue!  (Wouldn’t Joaquín Sorolla perhaps have said the same?). In the 1940s Manuel Machado wrote of him: ‘But you can see, Rodrigo!  The magical landscape, the overwhelming colours…’, and I well remember that in the first conversation I had with him in his home, thirty years ago, when I mentioned the name of Joaquín Sorolla, he said to me: “Yes, yes, we respond to the same sources of inspiration.” There is no doubt that the Maestro thought and even at times composed visually – his first work is called Two Sketches, one of his most important piano works is Four Andalusian Engravings and, remembering what we have just seen today, there is the particularly beautiful Music for a Garden.

Before saying a little about the beauties of this exhibition, I should like to refer to another aspect of Sorolla’s art, the great portraits. How fortunate we are that during his career he painted a series of portraits of many of the great writers of the time – Galdós, Unamuno, Baroja, Azorín, Antonio Machado, Pérez de Ayala, Juan Ramón Jiménez!  Is there anything similar in the music of Rodrigo?  I think so. It is only necessary to think of the eleven marvellous concertos – also ‘portraits’, since they were written for and inspired by the art of great musicians of our time, Regino Sainz de la Maza, Andrés Segovia, Gaspar Cassadó, Nicanor Zabaleta, James Galway, Pepe Romero.

After the enormous effort which it cost Sorolla to finish the great paintings of his Vision of Spain, we know – above all now, thanks to this exhibition – that the painter dedicated the last years of his life in large part to the preservation through his art of the beauty of this garden of his own house. We have all been moved by the happiness – almost the ecstasy – which these pictures convey, which are also so indicative of the domestic happiness which is one of the features not only of the life but also of the art of Joaquín Sorolla. This happiness, this fundamental optimism towards life, is also something which the two artists share. And if we are looking for something similar to this intimacy which the pictures express, it can be found in the works for solo piano – Rodrigo’s own instrument – in the works for solo guitar, and in those for the human voice, especially the soprano voice – as we are about to hear.

As Doña Blanca and Doña Cecilia are here with us, I hope they will allow me to say a little about the extraordinary and unexpected good fortune I have had in knowing them and their families. Many years ago now, Doña Blanca’s father, Don Francisco, generously invited me to his home to view the private collection which was held there, and the Maestro and Doña Victoria also welcomed me to their home with great courtesy to discuss my project of putting on a Rodrigo Festival in London. Since then I can say that both my life, and those of my family and many friends in my country, have been constantly illumined and made beautiful by the art of Joaquín Sorolla and the music of Joaquín Rodrigo. 

“With his music the Maestro has made us, and continues to make us, happy”, Antonio Gallego has written. I agree. And the same can be said about the painting of Joaquín Sorolla. The great poet Juan Ramón Jiménez, an admirer and friend of the painter, wrote in his poem ‘Criatura afortunada’: “Is all of spring your domain? All that green, all that blue, all that flowering?” Looking at the beautiful pictures of this Gardens of Light exhibition, I think those lines describe perfectly the world of the art of Joaquín Sorolla, that Franciscan world which Joaquín Rodrigo, too, admired and loved.  As the Maestro affirmed: “I believe that all that is beautiful… is certain to survive.”

Thank you.



Raymond Calcraft. Ex Head of the Department of Hispanic Studies / University of Exeter. Choral and Orchestral Conductor

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