Historia de un Concierto


Aquel 10 de mayo de 1982, Joaquín Rodrigo y su esposa Victoria se encontraban en Los Ángeles con motivo de la ceremonia de nombramiento del compositor como “Doctor Honoris Causa” por la Universidad de South California. Durante la cena, en la que estaban presentes el guitarrista Pepe Romero y sus padres, Celedonio y Angelita, conocieron a una señora que se había desplazado desde Texas para conocerlos. Aquella mujer de aspecto joven, elegante y atractiva, era la Sra. McKay, la propietaria de un importante rancho de Fort worth. Carol McKay y su esposo William tenían dos hijas, Alden Elisabeth y Lauri Ann, que pronto iban a ser presentadas en sociedad y deseaban regalarles, para festejar la ocasión, algo que permaneciera en el tiempo, una gran obra de arte. Preguntadas sobre la cuestión, ambas declararon que su ilusión era recibir un concierto para guitarra y orquesta de Joaquín Rodrigo.

Según cuenta Victoria Kamhi en su libro De la mano de Joaquín Rodrigo, la historia de nuestra vida, “alentado por Pepe Romero, Joaquín comenzó en seguida la composición de la obra de encargo, el Concierto para una fiesta, que fue estrenado el 6 de marzo de 1983 en Fort Worth, durante una brillante fiesta que reunió lo más granado de Texas.”

En realidad, el compositor no se decidió tan fácilmente. En un principio, asintió pero posteriormente recordó que se había comprometido a cumplir con un encargo institucional y declinó la idea. La insistencia de la señora McKay junto con Ann Koonsman, de la Fort Worth Symphony lograron que el compositor cambiara de idea y dos años después de aquella cena en Los Ángeles, la Texas little Symphony estrenaba en Fort Worth la obra bajo la dirección de John Giordano con Pepe Romero a la guitarra.

En cuanto a la obra en sí, nadie mejor que el propio compositor para describirla:
“Nació de una idea que tuvieron los mecenas americanos Carol y William McKay, quienes quisieron celebrar de una forma culta muy particular la puesta de largo de sus hijas Alden Elisabeth y Lauri Ann, con el encargo de una obra que se estrenó en privado el 5 de marzo de 1983 por Pepe Romero y la Orquesta de Cámara de Fort Worth bajo la dirección de John Giordano para la familia McKay y sus invitados.

Me pareció que lo más adecuado para esta ocasión sería escribir un concierto alegre en su mayor parte, que festejara un acontecimiento social dedicado a la juventud, aunque también con sus momentos de nostalgia como por ejemplo, en el “Solo” del Corno Inglés del Adagio. Pero en su conjunto, la impresión de optimismo domina la obra, inequívocamente española.

Respecto a la técnica guitarrista, Pepe Romero no duda en describirla como la obra más difícil que él ha tocado jamás. Por contraste, la orquestación es transparente: subraya y sostiene los temas, y acompaña siempre a la guitarra con discreción.

El primer tiempo está dominado por dos temas originales de sabor muy valenciano; el segundo se despliega sobre un “La” fundamental en la trompa que parece evocar el espíritu del Cid y el pasado moro de Valencia.

Aunque el Corno Inglés contribuye de manera decisiva al tema principal del introvertido segundo movimiento, sería un error compararlo con otro tema “a lo Aranjuez”. De hecho, pese a su factura, este movimiento es la antítesis de su contrapartida mundialmente célebre. Su fuente principal es el ritmo más que la melodía. Aquí no hay nada de la serenidad rítmica de la obra precedente. Podríamos compararlo a un ola continua y agitada, inquieta a través del movimiento hasta que en el corazón de la cadencia se consigue una suerte de solución rítmica apacible.

En contraste, el Rondó final es extrovertido y apropiado al ambiente de fiesta, con una sevillana como tema recurrente principal.”

Un ambiente de fiesta con sabor español que el matrimonio McKay quiso reproducir a lo grande el día de la puesta de largo de sus hijas en el Ridglea Country Club de Fort Worth, Texas y del estreno del concierto, como recoge la descripción aparecida en la prensa del día siguiente de la puesta de largo: “(… ) El salón de baile del club estaba decorado con racimos de abanicos blancos de encaje y ramos de orquídeas blancas. Para la recepción después del concierto, los invitados se sentaron en mesas redondas con manteles de encaje blanco sobre faldas de color rosa. Los centros de mesa eran botones de rosa color rosa con helechos arreglados en cuencos de cristal y colocados entre candelabros de cristal con velas blancas.  Sobre las mesas de servir, también en rosa y blanco, colocaron unas esculturas de hielo en forma de bailarín y bailarina flamencos con un toro español que llevaba una rosa en la boca.  Pequeños árboles con lucecitas blancas se  colocaron en distintas partes del club. (…)”.











Entre los invitados, se encontraba la hija de Joaquín Rodrigo, Cecilia, con su esposo, el violinista Agustín León Ara.


Tras el estreno privado, el Concierto para una fiesta fue ofrecido al gran público el 9 de marzo de 1983 en el Ed Landreth Auditorium. Esta obra, con la que el compositor cerró definitivamente su ciclo de conciertos, forma parte desde entonces del repertorio de los grandes guitarristas.






Archivo de la Fundación Victoria y Joaquín Rodrigo.
Traducción de: Katherine Zegarra







The story of a concerto

On that May 10th, 1982, Joaquín Rodrigo and his wife Victoria were in Los Angeles for the awarding ceremony of the composer’s Honorary Doctorate from the University of Southern California.  During the dinner, which was attended by the guitarist Pepe Romero and his parents, Celedonio and Angelita, they met a lady who had travelled from Texas especially to meet them. The young woman, who was elegant and attractive, was Mrs. McKay, a wealthy rancher from Fort Worth.  Carol McKay and her husband, William, had two daughters, Alden Elisabeth and Lauri Ann, who were going to make their debut in society and their parents wanted to give them a gift for the occasion that would have lasting value, a great work of art.  When they consulted with their daughters, the girls declared that a concerto for guitar and orchestra by Joaquín Rodrigo was their greatest wish.

As Victoria Kamhi explains in her book Hand in Hand with Joaquín Rodrigo, my life at the Maestro’s side,  “encouraged by Pepe Romero, Joaquín set to work right away on tthe commissioned piece, the Concierto para una Fiesta, which had its première on March 6, 1983, during the brilliant  occasion that brought together some of Texas’ most distinguished families.” 

In reality, the composer did not make such a rapid decision. At first, he agreed, but later he remembered that he had promised to fulfill an institutional commission and he declined the offer. The insistence of Mrs. McKay, together with that of Ann Koonsman, of the Fort Worth Symphony, convinced the composer to change his mind and two years after that dinner in Los Angeles, the Texas Little Symphony premiered the work in Fort Worth, conducted by John Giordano with Pepe Romero as guitarist. 

As far as the work itself, there is no one better than the composer to describe it:

“It was born of an idea that two American patrons of the arts had, Carol and William McKay, who wanted to celebrate in a particularly refined manner the debut of their daughters, Alden Elisabeth and Lauri Ann, by commissioning a work that was premiered on March 5, 1983, by Pepe Romero and the Chamber Orchestra of Fort Worth, conducted by John Giordano, in a private party for the McKay family and their guests.

I thought that it would be most fitting for this occasion to write a concerto that was joyful for the most part, to celebrate a social event dedicated to young people, although it also has its moments of nostalgia such as, for example, the solo by the English horn in the Adagio. But on the whole, the impression of optimisms dominates the work, which is unmistakably Spanish. 

Regarding guitar technique, Pepe Romero describes it as undoubtedly the most difficult work he has ever played. By contrast, the orchestration is transparent: it underlines and supports the themes, and always provides discreet accompaniment to the guitar. 

The first movement is dominated by two original themes of a very Valencian flavor; the second one unfolds over a fundamental A on the trumpet which seems evocative of the spirit of El Cid and the Moorish past of Valencia. 

Although the English horn contributes decisively to the main theme of the introverted second movement, it would be a mistake to compare it with another theme “a lo Aranjuez”.  In fact, despite the way it is written, this movement is the antithesis  of its world famous counterpart.  It rests primarily on rhythm rather than melody.  Here  there is none of the rhythmic serenity of the previous work.  We could compare it to a continuous, rough wave, that is restless throughout the movement until it reaches a sort of gentle rhythmic solution at the core of the cadence. 

By contrast, the final Rondó is extroverted and appropriate to a party atmosphere, with a Sevillana as the main  recurrent theme.”

A party atmosphere with a Spanish touch  which the McKays wished to recreate in grand style on the day of their daughter’s debut at the Ridglea Country Club in Fort Worth, Texas, and the premiere of the concerto,  as is reflected in the description of the party which appeared the next day in the press: “The ballroom was decorated with clusters of white lace fans and sprays of white orchids. At the reception after the concert, guests were seated at round tables with white lace cloths over pink floor-length cloths. Centerpieces were arrangements of pink rosebuds and fern in footed crystal bowls flanked by crystal candlesticks with white candles. The large round service tables were covered in pink and white and centered with large ice carvings of male and female Flamenco dancers and a Spanish bull- with a pink rose in his mouth. Small trees with white lights were placed throughout the club. (...)”. 





Among the guests attending was the daughter of Joaquín Rodrigo, Cecilia, with her husband, the violinist Agustín León Ara.


Following the private premiere, Concierto para una fiesta was performed in public on March 9th, 1983 at the Ed Landreth Auditorium. This work, which marks the last of Rodrigo’s cycle of concertos, has since become part of the repertoire of great guitarists. 







Archive for the Victoria and Joaquín Rodrigo Foundation.
Translation by: Katherine Zegarra


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